Una joven pareja entró en el mejor comercio de juguetes de la ciudad. Hombre y mujer se entretuvieron en mirar sin prisas los juguetes de colores alineados en las estanterías y colgados del techo, en alegre desorden. Había muñecas que lloraban y reían, juegos electrónicos, cocinas en miniatura donde se hacían
tartas y pasteles. No llegaban a decidirse.
Se les acercó una dependiente muy simpática.
-Mire, le dijo la mujer: nosotros tenemos una niña pequeña, pero estamos casi todo el día fuera de casa y, a veces, hasta de noche...
-Es una niña que apenas sonríe, dijo el hombre.
-Quisiéramos comprarle algo que la hiciera feliz, añadió la mujer, incluso cuando no estuviéramos nosotros... Algo que le diera alegría aún cuando estuviera sola.
-Lo siento, sonrío la dependienta con gentileza, pero aquí "no vendemos padres.-"
Roberto A. Cóceres.
Expertos en Marketing Directo
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